Mi obsesión con la comida trae cola, aún recuerdo momentos de mi infancia en los cuales comía dulces a escondidas o acababa con packs familiares de yogures o postres después de un día de ser comprados.
Al ser una niña pequeña y con un metabolismo típico de la edad, pasaba inadvertida y podía comer sin preocuparme, pero alcanzada la pubertad todo cambió y con 14 años utilizaba una talla 46.
Ahora, con casi 24, sigo luchando contra mi misma, contra mis impulsos siempre con la misma excusa de "mañana empiezo y hoy me atiborro hasta más no poder" y así pueden pasar 15 o 20 días hasta que hago un parón de dos semanas a dieta estricta, la cual explota y todo vuelve a empezar, como un maldito bucle.
He sido deportista, he pasado temporadas en las cuales realmente creí que había superado mi problema, pero tarde o temprano, vuelvo a recaer.
Esta tarde hice pan de plátano, en principio para mi novio, me encanta cocinar y todo el mundo siempre habla maravillas acerca de lo que cocino.
Pues bien, siempre me gusta probar lo que cocino antes de ofrecer a probar a otras personas, y antes de que pudiese darme me cuenta, la mitad de la bandeja ya había desaparecido. Acto seguido, me siento culpable y con un ligero dolor de estómago. Vaya, hemos vuelto a empezar!
Pero no, estoy harta, y con la ayuda de este blog y mi cabezonería, (porque cabezona lo soy un rato) pararé a este monstruo, y escribiré aquí todo lo que como cada día, todo lo que se me pasa por la cabeza cuando luche para no bajar a comprar muffins o chocolate, o detenerme en ir a la cocina y atracar la nevera y las despensas como si nunca más fuese a comer, y si, en el proceso alguien más puede beneficiarse, mejor que mejor.
Un abrazo.
No comments:
Post a Comment